viernes, 20 de febrero de 2009

¿Quién se ha llevado mi queso?


*Personajes:
FISGON (fisgonea y detecta pronto el cambio)
ESCURRIDIZO (se apresura hacia la acción)
HEM (se niega y se resiste al cambio, por temor a que conduzca a algo peor)
HAW (aprende a adaptarse a tiempo, en cuanto comprende que el cambio puede conducir a algo mejor.)

*Narración*

Vivían cuatro pequeños que recorrían un laberinto buscando el queso que los alimentara y los hiciera sentirse felices. Dos de ellos eran ratones llamados “Fisgón” y “Escurridizo”, y los otros dos eran liliputienses, seres tan pequeños como los ratones, pero su aspecto y forma de actuar era como las personas. Se llaman “Hem” y “Haw”. Cada día, los ratones y los liliputienses dedicaban el tiempo a buscar su propio queso especial. Cada uno encontró un día su propia clase de queso en uno de los pasadizos, en el depósito de Queso Q. Vivieron un largo tiempo muy contentos. Pero un buen día los ratones llegaron al depósito de Queso Q y descubrieron que no había queso, no se sorprendieron. Ellos empezaron a notar que el queso disminuía cada día que pasaba, los ratones no se entretuvieron en analizar demasiado las cosas. Así pues, Fisgón y Escurridizo decidieron cambiar, muy pronto ya estaban en busca de Queso Nuevo. Algo más tarde, ese mismo día, Hem y Haw llegaron al depósito de Queso Q. No habían prestado la menor atención a los pequeños cambios que se habían ido produciendo cada día, pensaron que allí encontrarían su Queso, como siempre, pero no fue así. Hem y Haw regresaron a sus casas hambrientos y desanimados, todos los dias los liliputienses acudían al depósito de Queso Q, no encontraban Queso alguno y regresaban a casa. Un buen día, Haw se echo a reír de si mismo, Se hizo una imagen mental. Se vio a sí mismo aventurándose por el laberinto, con una sonrisa en la cara, entonces oyó a Hem decir algo y tomó conciencia de hallarse todavía en el depósito de Queso Q. Haw miró a su demacrado compañero y trató de infundirle sentido común, pero por temor a perderse en el laberinto y no encontrar queso, Hem se enojo y no quiso escucharlo. Al fin Haw salio del laberinto y comenzó a buscar queso, después de no haber encontrado Queso durante mucho tiempo, poco a poco, perdía su fortaleza. Sabía que estaba perdido y temía no poder sobrevivir. Empezó a imaginar todas las cosas aterradoras que podían ocurrirle, se dio cuenta de que sus temores no hacían sino empeorar las cosas. Al caminar por el oscuro pasadizo, sonrió pues sabía que habría estado mejor si hubiera afrontado el cambio rápidamente y abandonado antes el depósito de Queso Q. Haw siguió por un pasadizo que le resultaba nuevo, dobló una esquina y allí encontró el Queso Nuevo en el depósito de Queso N. Al entrar en él, quedó asombrado ante lo que vio. Allí amontonado estaba el mayor surtido de Queso que hubiera visto jamás. Por un momento, se preguntó si se trataba de algo real o sólo era el producto de su imaginación, hasta que descubrió la presencia de sus viejos amigos Fisgón y Escurridizo. Le dieron la bienvenida, sus pequeños y gruesos vientres demostraban que ya llevaban allí algún tiempo. Haw los saludó con rapidez y se dedicó a probar bocados de cada uno de sus Quesos favoritos. Reflexionó sobre lo que había aprendido, entendió que en aquellos momentos en los que temía cambiar, no había hecho sino aferrarse a la ilusión del Queso Viejo. Pensó en regresar al depósito de Queso Q, para ver si podía encontrar a Hem, confiando en su capacidad para regresar de nuevo hasta aquí. Pero comprendió que ya había intentado que su amigo cambiara, Hem tendría que encontrar su propio camino, ir más allá de sus temores. Eso era algo que nadie podría hacer por él. Aunque disponía de bastante Queso, realizó frecuentes salidas por el laberinto, dedicándose a explorar zonas nuevas, para mantenerse en contacto con su alrededor. En una ocasión escuchó el sonido de un movimiento allá al fondo del laberinto, a medida que el sonido se hizo más intenso, se dio cuenta de que se acercaba alguien. Haw rezó y se limitó a confiar, en que quizá, por fin, su amigo fuera finalmente capaz de… ¡Moverse con el queso y disfrutarlo!

*Opinión personal*
Este libro, me ha hecho pensar en muchas cosas, me di cuenta que las descripciones de los personajes expuestas, son cada vez más coherentes. Al leer el libro pense en un principio, que sería como el liliputiense Hem que se niega a ver el cambio, pero, con el paso del tiempo, sería como el liliputiense Haw que aprendería a adaptarme al cambio. Ante un cambio cada persona reacciona de una manera diferente. Para mí el libro ha sido de gran ayuda ya que, tal y como dice el subtitulo título ("Como adaptarnos a un mundo en constante cambio").
esta fabula simple e ingeniosa nos enseña que todo cambia, y que las formulas que sirvieron en su momento pueden quedar obsoletas. Sus enseñanzas se aplican a todos los ámbitos de la vida: el “queso” del relato representa cualquier cosa que queramos alcanzar –la felicidad, el dinero, el amor- y el laberinto es el mundo real, con zonas desconocidas y peligrosas, callejones sin salida, oscuros pasadizos… y habitaciones llenas de queso…